| 125 aniversario del tren Bunyol-València |
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Una comarca “a pedales”. En el 125 aniversario del ferrocarril Valencia-Buñol. El ferrocarril está de aniversario y hay que celebrarlo. Nos relata su inauguración, con prosa de regusto barroco, Constantí Llombart en su libro titulado con indisimulada pasión: “Buñol. La Suiza Valenciana”. Aquél día del verano de 1883 había fiesta en València por todo lo alto. La Fira de Juliol recibía como cada año con pagana puntualidad la visita de la alegría desbordante de una ciudad. Y con puntualidad partía, al mediodía del día 31 del mes de la fiesta, desde su preciosa Estació del Nord un convoy vestido de gala para el estreno. Convenientemente aderezadas de guirnaldas y adornos y preventivamente favorecidas por las bendiciones episcopales, las tres locomotoras iniciaron su recorrido hacia Buñol por los caminos de hierro que la Banca Regional y otros avispados emprendedores habían trazado con la colaboración menos entusiasta de cientos de obreros y decenas de carreteros que a esas horas, sin música y sin refrescos, andarían picando las entrañas de la Sierra de Malacara buscando los llanos de Utiel y Requena. Allí aguardaba la futura llegada de las locomotoras el excedente comercial de vino de una comarca castellana que acababa de hacerse valenciana mirando con deseo los mercados que nacían en los muelles del puerto mediterráneo. Hoy, 125 años después, vemos atravesar nuestra olvidada comarca por un nuevo camino de hierro que no necesitará tres locomotoras para llegar. En realidad ni siquiera llegará nunca. En compensación, si los cálculos no fallan, en un par de años podremos disfrutar del orgasmo trepidante avistando un convoy durante unos pocos segundos que nos penetrará por ambos orificios de la Sierra de Las Cabrillas y estremecerá las ondulaciones del Gallo y El Pontet para volar más allá de la vieja Venta de Chiva en busca del regazo de aquella antigua y preciosa Estació del Nord. No podremos asistir a su inauguración ni disponer refrescos de bienvenida ni exhibir nuestras maravillosas bandas de música para agasajarlo como sucedió en 1883 ya que ahora apenas durará su trazada un leve balanceo de la batuta. Entre tanto, nuestra pobre y triste comarca seguirá esperando que se renueve su impresentable servicio de ferrocarril cuyas únicas innovaciones han consistido desde hace años en otorgarnos el dudoso honor de ser la única línea de cercanías sin electrificar, en reaprovechar la maquinaria obsoleta retirada de otras comarcas más apreciadas o reducir personal en las estaciones y en poner problemas a ciclistas o imposibilitar el acceso de personas con discapacidad. Por si era poca la desconsideración ahora nos echan en Vara de Quart-Sant Isidre haciéndonos perder tiempo y dinero. Esperemos que el traslado de los talleres de reparación a Buñol nos permita alguna mejora porque si no… Parece ser que tendremos que seguir mirando con cierta envidia cómo los dos grandes partidos, el “pepoe”, siguen potenciando la comarca vecina que, además de poder usar el nuevo ingenio volador (es un AVE) aunque ya no sea para vender su magnífico vino, disfruta desde hace años de servicios administrativos (Juzgados, Hacienda, Seguridad Social…) y recursos de todo tipo (UNED, 2 Conservatorios 2, Escuela de Idiomas…) mientras por aquí nos hacemos cargo con resignada solidaridad de montañas de basura, de la quema de residuos tóxicos de media España y de otras menudencias como servicios deficitarios y mal gestionados. Tampoco nos ayuda la suerte y ahora que parecía que nuestro potencial demográfico iba a despegar al vernos agraciados (es un decir) por la descongestión de la ciudad y podíamos soñar con que el mayor número de potenciales votantes podía atraer la atención del “PEPOE” va y se nos presenta la crisis del ladrillo. ¿Qué va a ser del plan para destrozar el valle del Río Mijares en Yátova? ¿Y de los incontables campos de Golf de Chiva? ¿Qué será de los 500 aparcamientos y nosecuántos pisos de Buñol para pagar un nuevo campo de fútbol para un puñado de vibrantes aficionados? A todas estas, todo parece indicar que a nuestros vecinos y vecinas no les sientan nada bien los efluvios de la vieja y peligrosa nuclear de Cofrentes ni los vapores tóxicos de la cementera. Tampoco se ven favorecidos por el rastro pegajoso y vomitivo de los cientos de camiones de basuras que sin control ni protección se adentran, bordeando ahora, por Buñol y Macastre camino de la maltrecha Dos Aguas. Para remedio de sus males, nuestros convecinos ni siquiera van a poder contar con un Hospital digno que pueda atender enfermedades o emergencias o los incontables cánceres que nos matan al tener que desplazarse el personal sin AVE, sin tren y sin autobús a Manises. ¿No sería mejor que nos dejen como estamos? ¿Cuánto estamos dispuestos a tragar? Por lo visto, aquí, hasta los ateos comulgamos con ruedas de molino… Y mientras tanto, la Mancomunidad, que por sus canas y sus dolencias parece tener ya cumplidos esos mismos 125 años, sigue siendo un esperpento de mal gusto y la ausencia absoluta de una perspectiva estratégica entre nuestros políticos apenas puede ser mal disimulada por discursos de Alcaldes con vocación de fogoneros de una locomotora que en realidad funciona aún “a pedales”. No estoy muy seguro de que valga la pena celebrar este aniversario. Manuel Pastor. (Els Verds del País Valencià-Hoya de Buñol-Chiva) |
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